miércoles, 12 de octubre de 2016

Bailando en primavera, por la alumna Carmen Bonessi

La música sonaba fuertemente en el boliche,la gente reía y bebía riquísimos

tragos en las barras. Las cuatro pistas desbordaban de chicas y chicos, bailando sin pensar

en nada más que en divertirse. Las flores artificiales adornaban el lugar y del techo

pendían infinidad de globos de colores que se mecían al compás de la música. En las

terrazas había plantas naturales y muchas flores. En el centro de la terraza, había un

escenario, con un locutor elegantemente vestido, lucía un traje color natural y en las

manos tenía una caja azul, con un moño de color gris, dentro de la caja había un hermoso

reloj de oro que se llevaría, de premio, la elegida Reina de la Primavera.

De pronto, el locutor, pidió “¡silencio!” y comenzaron a desfilar las hermosas chicas, con

diminutos trajes de baño. La algarabía reinante en el lugar era maravillosa. Los chicos se

derretían al ver los cuerpos esculturales de las mujeres que desfilaban con diversas

prendas, hasta que llegó el momento culminante de la noche: había que elegir a las dos

princesas y a la reina.

Todo transcurría con calma, el alcohol se bebía a raudales, ¡Todo era alegría! ¡Felicidad!

De pronto, el locutor dijo el nombre de la Segunda Princesa, llamó a Paulina y todos

gritaron al mismo tiempo, “¡hurra, hurra!”; le colocaron a la chica una coronita de

hermosas flores naturales y le dieron de premio un hermoso reloj pulsera, ella quedó

fascinada por la sorpresa y abrazó y besó fuertemente al locutor.

Érica, fue elegida como Primera princesa, sus azules ojos brillaban de alegría. Se acercó al

locutor, él le colocó la coronita de flores naturales y le entregó el reloj de premio.

Ahora faltaba el broche final, de la noche.

La Reina de la Primavera se acercó al locutor con paso firme, lucía un vestido minifalda

color violeta, con unas flores muy delicadas en color blanco, con un escote bien

pronunciado y dejando su espalda al descubierto; su cuerpo era imponente, con risos

rubios que le llegaban mas allá de la cintura, su rostro angelical redondeado, con un

maquillaje tenue que le daba a sus ojos, una mirada muy sensual.

El locutor le colocó la banda sobre su cuerpo, y le entregó el delicado reloj de oro. Ante la

sorpresa y el interesante regalo, las lágrimas de felicidad caían en el hermoso rostro de

Joana.

De pronto se escuchó una y otra explosión y todos quedaron mirando, sorprendidos,

hacia arriba. El fuerte ruido era de muchas piñatas que reventaban y de éstas caían

pétalos de rosas de diferentes colores que se deslizaban, suavemente, y quedaban

adheridas a los cuerpos de los presentes.

¡Todo era alegría y felicidad! ¡Había comenzado la primavera!

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