miércoles, 23 de abril de 2014

Románticos 34....

Marilina Ross - Quereme tengo frío
http://www.youtube.com/watch?v=ybPwRXwYtQg

Luis Federico Leloir - Científicos (Industria Argentina....)

Luis Federico Leloir

Nacimiento: 6 de septiembre de 1906
 París, Francia
Fallecimiento: 2 de diciembre de 1987 (81 años)
 Buenos Aires, Argentina
Nacionalidad  Argentina
Campo Bioquímica
Instituciones Universidad de Buenos Aires
Universidad Washington en San Luis (1943-1944)
Universidad Columbia(1944-1945)
Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar
(1947-1981)
Universidad de Cambridge (1936-1943)
Alma máter Universidad de Buenos Aires
Premios
destacados Premio Nobel de Química (1970)
Legión de Honor del Gobierno Francés (1982)

Cónyuge Amelia Zuberbühler

Luis Federico Leloir (París, Francia, 6 de septiembre de 1906 - Buenos
Aires, Argentina, 2 de diciembre de 1987),[1] fue un médico y
bioquímico argentino que recibió el Premio Nobel de Química en 1970.
Su investigación más relevante, y por la cual obtuvo la distinción que
le otorgó fama internacional, se centra en los nucleótidos de azúcar, y
el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono. Tras
su hallazgo se lograron entender de forma acabada los pormenores de la
enfermedad congénita galactosemia.

Biografía:
Infancia y adolescencia
Sus padres viajaron desde Buenos Aires hacia París (su madre en
avanzado estado de embarazo) a mediados de 1906 debido a la enfermedad
que aquejaba a Federico Leloir (padre) y por la cual debía ser operado
en un centro médico francés. El 6 de septiembre, una semana después de
la muerte de aquel, nació su hijo póstumo Luis Federico Leloir en una
vieja casa en la Rue Víctor Hugo 81 de esa capital francesa. De regreso
a su país de origen, en 1908, Leloir vivió junto a sus 8 hermanos en
las extensas tierras pampeanas que sus antepasados habían comprado tras
su inmigración desde España (40.000 hectáreas denominadas El Tuyú) que
comprendían la costa marítima desde San Clemente del Tuyú hasta Mar de
Ajó.
Con apenas cuatro años, Leloir aprendió a leer solo, ayudado por los
diarios que compraban sus familiares, para permanecer al tanto de los
temas agropecuarios.
Durante sus primeros años de vida, el futuro Premio Nobel se dedicaba a observar todos los fenómenos naturales con particular interés, y sus lecturas siempre apuntaban a temas
relacionados a las ciencias naturales y biológicas. Sus estudios iniciales se repartieron entre la Escuela General San Martín, en donde dio libre el primer año, el Colegio Lacordaire, el Colegio del Salvador y el Colegio Beaumont (este último en Inglaterra). Sus notas no se
destacaban ni por buenas ni por malas, y su primera incursión universitaria terminó rápidamente cuando abandonó los estudios de arquitectura que había comenzado en el Instituto Politécnico de París.

Carrera profesional
De nuevo en Buenos Aires, ingresó a la Facultad de Medicina de la
Universidad de Buenos Aires (UBA) para doctorarse en dicha profesión.
Sus comienzos fueron difíciles, tanto que tuvo que rendir cuatro veces
el examen de anatomía, pero en 1932 consiguió diplomarse e inició su
actividad como residente en el Hospital de Clínicas y como médico
interno del hospital Ramos Mejía. Tras algunos conflictos internos y
complicaciones en cuanto al trato que debía tener con sus pacientes,
Leloir decidió dedicarse a la investigación de laboratorio. En 1933
conoció a Bernardo A. Houssay, quien dirigió su tesis doctoral acerca
de las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de
carbono. El encuentro fue casual, ya que Luis Leloir vivía a solo media
cuadra de su prima, la famosa escritora y editora Victoria Ocampo,
quien era cuñada del gastroenterólogo Carlos Bonorino Udaondo, otro
eximio doctor, amigo de Houssay. Tras la recomendación de Udaondo,
Leloir comenzó a trabajar junto al primer científico argentino en ganar
el Premio Nobel en el Instituto de Fisiología de la UBA.
Su tesis fue completada en sólo dos años, recibiendo el premio de la
facultad al mejor trabajo doctoral; junto a su maestro descubrió que su
formación en ciencias tales como física, matemática, química y biología
era escasa, por lo que comenzó a asistir a clases de dichas
especialidades en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la
Universidad de Buenos Aires como alumno oyente.
En 1936 viajó hacia Inglaterra para dar comienzo a sus estudios
avanzados en la Universidad de Cambridge, bajo la supervisión del
también Premio Nobel Sir Frederick Gowland Hopkins, quien había
obtenido esa distinción en 1929 por sus estudios en fisiología y/o medicina tras descubrir que ciertas sustancias, hoy conocidas como vitaminas, eran fundamentales para mantener la buena salud. Sus
estudios en el Laboratorio Bioquímico de Cambridge se centraron en la
enzimología, específicamente en el efecto del cianuro y pirofosfato
sobre la succínico deshidrogenasa. A partir de este momento, Leloir se
especializó en el metabolismo de los carbohidratos.
Hacia 1943 tuvo que dejar el país, dado que Houssay fue expulsado de la
Facultad de Medicina por firmar una carta pública en oposición al
régimen nazi de Alemania y al apoyo del gobierno militar comandado por
Pedro Pablo Ramírez, que también integró y apoyó Juan D. Perón.
Su destino fue Estados Unidos, donde ocupó el cargo de investigador
asociado en el Departamento de Farmacología de la Universidad de
Washington a cargo del matrimonio entre Carl y Gerty Cori, con quienes
Houssay compartió el Nobel en 1947. También compartió investigaciones
con el profesor D. E. Green en el Enzyme Research Laboratory, College
of Physicians and Surgeons de Nueva York. Antes de partir hacia el
exilio, se casó con Amelia Zuberbühler, con quien tuvo una hija a la que le pusieron el mismo nombre.
En 1945 regresó al país para trabajar en el Instituto dirigido por
Bernardo A. Houssay, precedente del Instituto de Investigaciones
Bioquímicas de la Fundación Campomar, que Leloir dirigiría desde su
creación en 1947 a manos del empresario y mecenas Jaime Campomar y
durante 40 años.
Durante los últimos años de la década de 1940, Leloir realizó con éxito
experimentos que revelaron cuales eran las rutas químicas en la
síntesis de azúcares en levaduras con equipos de muy bajo costo, debido
a que carecía de recursos económicos. Previo a sus investigaciones, se
creía que para poder estudiar una célula no se la podía disgregar del
organismo que la albergaba. No obstante, su trabajo demostró que esa
teoría pasteuriana era falsa.
Desde 1947 formó un grupo de trabajo junto a Ranwel Caputto, Enrico
Cabib, Raúl Trucco, Alejandro Paladini, Carlos Cardini y José Luis
Reissig, con quienes investigó y descubrió por qué el riñón impulsa la
hipertensión arterial cuando está enfermo. Ese mismo año, su compañero
de laboratorio Ranwel Caputto le planteó un problema que tenía en sus
investigaciones biológicas de la glándula mamaria, por lo que su
equipo, al que se había incorporado el becario Alejandro Paladini,
logró que en una cromatografía se pudiera aislar la sustancia
nucleótido-azúcar llamada uridina difosfato glucosa (UDPG), y por ende
entender el proceso de almacenamiento de los carbohidratos y de su
transformación en energía de reserva.
A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcares
carnucleótidos, compuestos que desempeñan un papel fundamental en el
metabolismo de los hidratos de carbono, lo que convirtió al Instituto
en un centro mundialmente reconocido. Inmediatamente después, Leloir
recibió el Premio de la Sociedad Científica Argentina, uno de los
tantos que recibió tanto en el país como en el extranjero.
A pesar de que hacia fines de 1957 Leloir fue tentado por la Fundación
Rockefeller y por el Massachusetts General Hospital para emigrar a los
Estados Unidos, como su maestro Houssay, prefirió quedarse y continuar
trabajando en el país. Dada su importancia, el Instituto Nacional de la
Salud de los Estados Unidos (NIH) y la Fundación Rockefeller decidieron
subsidiar la investigación comandada por Leloir.
Al año siguiente firmó un acuerdo con el Decano de la Facultad de
Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, Rolando
García, por el cual se creó el «Instituto de Investigaciones
Bioquímicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales» nombrando
profesores titulares a Leloir, Carlos Eugenio Cardini y Enrico Cabib.
Esto contribuyó a que jóvenes universitarios argentinos se sintieran
atraídos por la investigación científica, lo que repercutió en el
crecimiento de la institución. También llegaron a ese centro
investigadores y becarios procedentes de los Estados Unidos, Japón,
Inglaterra, Francia, España y varios países de América Latina.
Para ese entonces Leloir estaba llevando a cabo sus trabajos de
laboratorio en conjunto con la docencia como profesor externo de la
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, tarea que sólo interrumpió
para completar sus estudios en Cambridge y en el Enzime Research
Laboratory de EEUU.
Su voluntad de investigación superó a las dificultades económicas
enfrentadas por el Instituto. Con herramientas caseras, Leloir se
dedicó a estudiar el proceso interno por el cual el hígado recibe
glucosa y produce glucógeno, el material de reserva energética del
organismo, y junto a Mauricio Muñoz logró oxidar ácidos grasos con
extractos de células hepáticas.
En 1970 recibió el Premio Nobel de Química,convirtiéndose en el primer
latinoamericano en conseguirlo. Posteriormente su equipo se dedicó al
estudio de las glicoproteínas –moléculas de reconocimiento en las
células– y determinó la causa de la galactosemia, una grave enfermedad
manifestada en la intolerancia a la leche. Las transformaciones
bioquímicas de la lactosa en sus propios componentes son conocidas en
el mundo científico como el camino de Leloir.
Luis Federico Leloir murió en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1987 a
los 81 años, tras un ataque al corazón poco después de llegar del
laboratorio a su casa. Fue enterrado en el Cementerio de La Recoleta.

Premios y distinciones recibidos
1943 - Tercer premio nacional de ciencias
1958 - T. Ducett Jones Memorial Award
1965 – Premio Fundación Bunge y Born
1966 – Gairdenr Foundation, Canadá
1967 – Premio Louise Gross Horwitz, Universidad de Columbia
1968 – Premio Benito Juárez
1968 – Doctor honoris causa Universidad Nacional de Córdoba
1968 – Premio José Jolly Kyle, de la Asociación Química Argentina
1969 – Nombrado miembro honorario de la Biochemical Society de
Inglaterra
1970 – Premio Nobel de Química
1971 – Orden Andrés Bello (Venezuela)
1976 – Reconocimiento Bernardo O'Higgins en el grado de Gran Cruz
1982 – Legión de Honor por el gobierno francés
1983 – Premio Konex de Brillante a la Ciencia y Tecnología
1984 - Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

lunes, 21 de abril de 2014

Gustavo Adolfo Bécquer: una poesía de excelencia

Gustavo Adolfo Bécquer (1836 - 1870)
Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.
Pero aquéllas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate:
¡así... no te querrán!

Corazón Y Azúcar

El consumo excesivo de azúcar añadido no solo fomenta afecciones crónicas como la obesidad o la diabetes, sino que también aumenta el riesgo de muerte a causa de enfermedades cardiovasculares: "El riesgo de muerte relacionada con una enfermedad del corazón se incrementa exponencialmente a medida que aumenta el consumo de azúcar añadido", explicó el doctor Quanhe Yang, uno de los autores de la investigación publicada en la revista científica JAMA Internal Medicine.
Entre 2005 y 2010 los adultos en EE.UU. consumieron un promedio de alrededor del 15% de sus calorías diarias (cerca de 300 calorías al día) provenientes de azúcares añadidos, agregó Yang, investigador del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidense.
Según el doctor, esto es mucho más de lo recomendado por la Asociación Americana del Corazón, que aconseja a las mujeres consumir no más de 100 calorías al día provenientes de azúcares añadidos (unas seis cucharaditas de azúcar), mientras que a los hombres les recomienda consumir no más de 150 calorías diarias (alrededor de nueve cucharaditas)
Los bizcochos, galletas, helados, chocolates, refrescos, bebidas energéticas e isotónicas, entre otros, son las principales fuentes de azúcar añadido.
Los investigadores encontraron que las personas que reciben más del 21% de las calorías del azúcar añadido duplican el riesgo de muerte relacionada con el corazón, en comparación con aquellos que consumen menos del 10% de sus calorías provenientes de este tipo de azúcar.

Informe: Dra. Adriana Andrada

martes, 15 de abril de 2014

14 de abril: Día de las Américas

Día de las Américas

"En 1826, el libertador Simón Bolívar convocó al Congreso de Panamá con la idea de crear una asociación de estados en el hemisferio. En 1890, la Primera Conferencia Internacional Americana, efectuada en la ciudad de Washington, estableció la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas y su secretaría permanente, la Oficina Comercial de las Repúblicas Americanas, predecesora de la OEA.

(Fuente: Historia de la Organización de Estados Americanos -OEA-)

El primer Día de las Américas fue celebrado el 14 de abril de 1931, en conmemoración a la fundación de la Unión de las Repúblicas Americanas (llamada a partir de 1910 Unión Panamericana y, a partir de 1948, Organización de los Estados Americanos -OEA-).
En Washington, el presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover, fue el principal orador en una ceremonia que incluyó la siembra de un árbol en los jardines de la Unión Panamericana.
Varios países declararon entonces el 14 de abril como fiesta nacional. Hubo recepciones diplomáticas, celebraciones públicas y civiles, programas en las escuelas y una gran cantidad de proclamaciones promoviendo los principios del Panamericanismo.
Una de esas declaraciones aseguró que en el Espíritu del Panamericanismo, las naciones de América podrían “reafirmar los ideales de paz y solidaridad continental que todos profesan, fortalecer sus lazos naturales e históricos y recordar los intereses comunes y aspiraciones que hacen a los países del hemisferio un centro de influencia positiva en el movimiento universal a favor de la paz, la justicia y la ley entre las naciones”.

El Día de las Américas simboliza así la soberanía y la unión voluntaria en una comunidad continental. Cada año, el 14 de abril, ya sea por promulgación presidencial o legislativa, el Día y la Semana Panamericana son conmemorados en la mayor parte de los países americanos.

lunes, 14 de abril de 2014

LA BLEFARITIS Y LA ALIMENTACION...

La Blefaritis es la inflamación de los párpados y mas específicamente se refiere a la obstrucción de las glándulas que segregan substancias grasas y que se encuentran al lado de los folículos pilosos en el borde del párpado. Esta secreción normalmente ayuda a la lubricación del ojo y
 retrasa la evaporación de la secreción lagrimal.
 Estas glándulas se obstruyen, produciéndose un estancamiento de los fluidos que hace proclive al ojo a que se produzcan infecciones de índole viral o bacteriana.
 Si bien ésta puede ser una enfermedad benévola en un principio, puede derivar en otras mucho más graves, por lo cual, en estos casos debe consultarse al médico especialista u oftalmólogo para que supervise el tratamiento.
El tratamiento para la oftalmología tradicional consiste en la continua limpieza de la zona con líquidos especiales, a veces champú para bebés y la aplicación de pomadas antivirales o eventuales antibióticos, puesto que al estar el ojo debilitado se hace pasible de engendrar infecciones bacterianas agregadas.
 No está indicada la aplicación de cortisona u otros corticoides pues pueden bajar aún más las defensas y agravar la situación.
 Y por supuesto de percatarse el médico especialista, a través de los exámenes correspondientes que la infección se está extendiendo a otras estructuras del ojo, deberá prescribir los tratamientos generales pertinentes.
 En resumen queremos reiterar que no se trata de una inflamación banal que pueda ser tratada con remedios caseros o auto-medicada, sino que se hace necesaria la consulta al oftalmólogo.
 Para la oftalmología tradicional esta enfermedad, que está muy ligada también a la conjuntivitis (es decir la inflamación de la conjuntiva o membrana que cubre el interior de los párpados y el frente del ojo, esclerótica, córnea) se contrae por contagio directo o indirecto a través de las manos, pañuelos, piletas de natación, sustancias tóxicas como la marihuana, objetos extraños dentro del ojo, etc.
 Y generalmente cede en unos pocos días o semanas con el tratamiento adecuado. Para la medicina natural la situación es bien distinta. Si bien intervienen los factores patógenos que menciona la oftalmología tradicional, estos a mi juicio son meros desencadenantes.
 La causa principal es netamente alimentaria y se verifica ampliamente en la Clínica en la medida que el médico realice la anamnesis (interrogatorio) indispensable sobre la alimentación.
 La causa de estas enfermedades es el abuso de azúcar, miel, dulces, golosinas, edulcorantes y productos diet, cereales refinados como harinas blancas, galletitas, pastas, arroz blanco, polenta (1 minuto) sémola y otras sustancias refinadas, como así también alimentos “fabricados”.
En ese sentido las tortas y golosinas tienen un rol muy especial, siendo esta la razón por la cual estas enfermedades tienen una incidencia mucho mayor en los niños, que suelen abusar de estas sustancias.
 Hace 50 años atrás toda mujer sabía con claridad meridiana, por más bajo que fuera su nivel cultural, que no se podía darle golosinas a los chicos todos los días, pues se enfermaban.
Hoy, lamentablemente “gracias” a la colosal maquinaria publicitaria ese conocimiento popular tan certero se ha perdido. Y lamentablemente se ve cuán generalizado está darle dinero al niño para que se compre una golosina en el recreo.
 O lo que es peor aún le dan al niño una o varias veces por día un postrecito de los tan publicitados por la tele. O bajo la forma de un “mimo” le dan al niño un heladito después de cada comida, en una ignorancia supina del daño irreversible que le están haciendo. Tampoco comparto por mi experiencia que esta enfermedad curse en unas pocas semanas (aunque muchas veces así suceda, cuando la ingesta de las substancias antes mencionadas haya sido
 ocasional y no perdure en el tiempo). He visto demasiados pacientes, algunos de ellos que la han sufrido durante décadas, pasando de un oftalmólogo a otro y de una marca de gotita o pomadita a la otra.
 Esta enfermedad se cura realizando las correcciones alimentarias, que deben acompañar al   tratamiento implementado por el oftalmólogo.

Informe: Dra. Adriana Andrada

miércoles, 2 de abril de 2014

Las Malvinas, un año después - por Gabriel García Márquez

Al cumplirse un nuevo aniversario del desembarco argentino en las Islas Malvinas, reproducimos a continuación un artículo de Gabriel García Márquez escrito un año después del trágico acontecimiento histórico. En el mismo se describe un desgarrador relato que representa, de alguna manera, a vastos sectores de la sociedad argentina de aquel entonces.

Las Malvinas, un año después
Por Gabriel García Márquez

Un soldado argentino que regresaba de las Islas Malvinas al término de la guerra, llamó a su madre por teléfono desde el Regimiento I de Palermo en Buenos Aires y le pidió autorización para llevar a casa a un compañero mutilado, cuya familia vivía en otro lugar. Se trataba —según dijo— de un recluta de 19 años que había perdido una pierna y un brazo en la guerra, y que además estaba ciego.
La madre, feliz del retorno de su hijo con vida, contestó horrorizada que no sería capaz de soportar la visión del mutilado, y se negó a aceptarlo en su casa. Entonces el hijo cortó la comunicación y se pegó un tiro: el supuesto compañero era él mismo, que se había valido de aquella patraña para averiguar cuál sería el estado de ánimo de su madre al verlo llegar despedazado. Esta es apenas una más de las muchas historias terribles que durante estos últimos doce meses han circulado como rumores en la Argentina, que no han sido publicadas en la prensa porque la censura militar lo ha impedido, y que andan por el mundo entero en cartas privadas recibidas por los exiliados.
Hace algún tiempo, conocí en México una de esas cartas y no había tenido corazón para reproducir algunas de sus informaciones terroríficas. Sin embargo, revistas inglesas y norteamericanas celebraron este dos de abril el primer aniversario de la aplastante victoria británica, y me parece injusto que en la misma ocasión no se oiga una voz indignada de la América Latina que muestre algunos de los aspectos inhumanos e irritantes del otro lado de la medalla: la derrota argentina.
La historia del joven inválido que se suicidó ante la idea de ser repudiado por su madre, es apenas un episodio del drama oculto de aquella guerra absurda. Ahora se sabe que numerosos reclutas de 19 años que fueron enviados contra su voluntad y sin entrenamiento a enfrentarse con los profesionales ingleses en las Malvinas, llevaban zapatos de tenis y muy escasa protección contra el frío, que en algunos momentos era de 30 grados bajo cero. A muchos tuvieron que arrancarles la piel gangrenada junto con los zapatos y 92 tuvieron que ser castrados por congelamiento de los testículos, después de que fueron obligados a permanecer sentados en las trincheras. Sólo en el sitio de Santa Lucía, 500 muchachos se quedaron ciegos por falta de anteojos protectores contra el deslumbramiento de la nieve.
Con motivo de la visita del Papa a la Argentina, los ingleses devolvieron mil prisioneros. La totalidad debió ser internada en hospitales especiales de rehabilitación, para que sus padres no se enteraran del estado en que llegaron: su peso promedio era de 40 ó 50 kilos, muchos padecían de anemia, otros tenían brazos y piernas cuyo único remedio era la amputación, y un grupo se quedó interno con trastornos psíquicos graves.
“Los chicos eran drogados por los oficiales antes de mandarlos al combate”, dice una de las cartas de un testigo. “Los drogaban primero a través del chocolate, y luego con inyecciones, para que no sintieran hambre y se mantuvieran lo más despiertos posible”. Con todo, el frío a que fueron sometidos era tan intenso que muchos murieron dormidos. Tal vez fueron los más afortunados porque otros murieron de hambre tratando de extraer la pasta de carne que se petrificaba dentro de las latas.
En este sentido, mucho es lo que se sabe sobre la barbarie de la logística alimenticia que los militares argentinos practicaron en las Malvinas. Las prioridades estaban invertidas: los soldados de primera línea apenas si alcanzaban a recibir unas sardinas cristalizadas por el hielo, los de la línea media recibían una ración mejor, y en cambio los de la retaguardia tenían a veces la posibilidad de comer caliente. Frente a condiciones tan deplorables e inhumanas, el enemigo inglés disponía de toda clase de recursos modernos para la guerra en el círculo polar. Mientras las armas de los argentinos se estropeaban por el frío, los ingleses llevaban un fusil tan sofisticado que podía alcanzar un blanco móvil a 200 metros de distancia, y disponían de una mira infrarroja de la más alta precisión. Tenían además trajes térmicos y algunos usaban chalecos antibalas que debieron ocasionarles trastornos mentales a los pobres reclutas argentinos, pues los veían caer fulminados por el impacto de una ráfaga de metralla, y poco después los veían levantarse sanos y salvos y listos para proseguir el combate.
Las tropas inglesas estaban una semana en el frente y luego una semana a bordo del “Canberra”, donde se les concedía un descanso verdadero con toda clase de diversiones urbanas en uno de los parajes más remotos y desolados de la Tierra. Sin embargo, en medio de tanto despliegue técnico, el recuerdo más terrible que conservan los sobrevivientes argentinos es el salvajismo del batallón de “gurkhas”, los legendarios y feroces decapitadores nepaleses que precedieron las tropas inglesas en la batalla de Puerto Argentino. “Avanzaban gritando y degollando”, ha escrito un testigo de aquella carnicería despiadada. “La velocidad con que decapitaban a nuestros pobres chicos con sus cimitarras de asesinos era de uno cada siete segundos. Por una rara costumbre, la cabeza cortada la sostenían por los pelos y le cortaban las orejas”. Los “gurkhas” afrontaban al enemigo con una determinación tan ciega que de 700 que desembarcaron sólo sobrevivieron setenta. “Estas bestias estaban tan cebadas que una vez terminada la batalla de Puerto Argentino, siguieron matando a los propios ingleses hasta que éstos tuvieron que esposar a los últimos para someterlos”.
Hace un año, como la inmensa mayoría de los latinoamericanos, expresé mi solidaridad con Argentina en sus propósitos de recuperación de las Islas Malvinas, pero fui muy explícito en el sentido de que esa solidaridad no podía entenderse como un olvido de la barbarie de sus gobernantes. Muchos argentinos e inclusive algunos amigos personales, no entendieron bien esta distinción. Confío, sin embargo, en que el recuerdo de los hechos inconcebibles de aquella guerra chapucera nos ayude a entendernos mejor.
Por eso me ha parecido que no era superfluo evocarlos en este aniversario sin gloria. Como nunca me parecerá superfluo preguntar otra vez y mil veces más —junto a las madres de la Plaza de Mayo— dónde están los ocho mil, los diez mil, los quince mil desaparecidos de la década anterior.

Artículo publicado el 3 de abril de 1983 en el diario colombiano El Espectador.
Fuente: UNLP - Universidad Nacional de La Plata (2011)

 
(Información extractada de la Web, por el alumno Juan Antonio Russo)

Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas

2 de abril

Conmemorado desde el año 2000 
Lugar de evocación Argentina
El 28 de noviembre del 2000, el Poder Legislativo argentino sancionó la Ley, por la cual se declara al día 2 de abril como "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas".
Dicha ley se promulgaría finalmente el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue luego modificada el 7 de junio de 2006 para declarar inamovible al feriado nacional, por lo cual no podrá ser trasladado al lunes anterior o siguiente para conformar un fin de semana largo.

Canción 2 de abril - homenaje a los héroes de Malvinas por Juanon Lucero
http://www.youtube.com/watch?v=gcb6sL1dOxI 

 Publicación elaborada por las alumnas María Isabel Portas y María del Carmen Rodríguez