domingo, 20 de junio de 2010

¿Por qué el 20 de junio es el Día de la Bandera?

Creación de la Bandera

La bandera argentina fue creada por Manuel Belgrano y enarbolada por primera vez el 27 de febrero de 1812, en la Villa del Rosario en las barrancas del Río Paraná, provincia de Santa Fe. Lugar donde hoy reside el inmenso Monumento a la Bandera.
En medio de las luchas por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Belgrano decidió tomar los colores de la escarapela –celeste y blanco- que ya estaba en uso desde la revolución patriótica de mayo de 1810.
En el último párrafo del oficio que Belgrano envió al Gobierno Nacional aquel 27 de Febrero dice: "Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola, la mandé hacer azul y blanca conforme a los colores de la escarapela nacional: espero sea de la aprobación de Vuestra Excelencia"...

Fue consagrada con los mismos colores "azul y blanco" por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816 y ratificada por el mismo cuerpo en Buenos Aires, el 25 de febrero de 1818.
Se enarboló por primera vez en la ciudad de Buenos Aires el 23 de agosto de 1812, en la torre de la iglesia de San Nicolás (lugar donde en la actualidad está el Obelisco).

Más de un siglo después, el Congreso Nacional sancionó el 8 de junio de 1938, una ley que fija como Día de la Bandera y lo declara feriado nacional, el 20 de junio, aniversario de la muerte de su creador, el General Manuel Belgrano.
De acuerdo a lo establecido en el decreto 10.302 del 24 de abril de 1944, la Bandera Oficial de la Nación es la bandera con sol aprobada en el Congreso de Tucumán.
Sus colores están distribuidos en tres fajas horizontales, dos azules y una blanca en el medio, en cuyo centro se reproducirá el Sol figurado de la moneda de oro de ocho escudos y de la de plata de ocho reales que se encuentra grabado en la primera moneda argentina. El color del sol es el amarillo del oro.

En 1985 la Ley 23.208 establece que "tienen derecho a usar la Bandera Oficial de la Nación, el Gobierno Federal, los Gobiernos Provinciales y del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, así como también los particulares, debiéndosele rendir siempre el condigno respeto y honor".

Máximas y pensamientos del General Manuel Belgrano

Máximas Y Pensamientos Del General Manuel Belgrano

Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos.

Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquellos.

Mis intenciones no son otras que el evitar la efusión de sangre entre hermanos.

La vida es nada si la libertad se pierde.

En vano los hombres se empeñan en arrastrar a su opinión a los demás, cuando ella no está cimentada en la razón.

El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente.

Quiero volar, pero mis alas son chicas para tanto peso.

Yo no sé más que hablar la verdad y expresarme con franqueza: esto me lo he propuesto desde el principio de la revolución y he seguido y seguiré así.

No busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la patria.

Mis ideas no se apartan de la razón y justicia que concibo, ni jamás se han dirigido a formar partidos, ni seguirlos.

Lo que creyere justo lo he de hacer, sin consideraciones ni respetos a nadie.

Los gobiernos ilustrados, conociendo las ventajas que prometen el premio y el honor, han echado mano de estos principios motores del corazón humano para todas las empresas.

Deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para remediarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás.

El miedo sólo sirve para perderlo todo.

¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público?

Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella.

No hallo medio entre salvar a la patria o morir con honor.

Esta paz tan estimable se compra al duro precio de la sangre y de la muerte.

Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo,...

AURORA

Canción a la Bandera

Aurora es, tal vez, la más conocida y entonada de las canciones dedicadas a la Bandera. Sin embargo pocos son los que saben el verdadero origen de estos versos.
En 1908, el Gobierno nacional encargó una ópera dedicada a exaltar los valores patrios de una joven y pujante nación. La responsabilidad de crear la partitura recayó sobre el músico ítalo-argentino Héctor Panizza, quien basó el argumento sobre un libreto creado en colaboración por Héctor Cipriano Quesada y Luigi Illica. Este último, creador de los libretos de óperas tales como Tosca, La Bohéme y Andrea Chenier, entre otras.
De este encargo nació "Aurora", una ópera de estilo italiano, estrenada el 5 de septiembre de 1908, el mismo año en que se inauguró el actual edificio del Teatro Colón. Como era costumbre en aquellos años, el libreto de la "ópera nacional" estaba íntegramente escrito en italiano.
Los hechos transcurren durante las guerras de la Independencia y narra la historia de un patriota de nombre Mariano que se enamora de Aurora, la hija de un jefe del ejército realista. Siguiendo una tradición de larga data en el mundo operístico, la pieza tomó el nombre de su protagonista femenino.
La noche del estreno el público quedó tan bien impresionado con "La canción a la Bandera" que obligó al tenor Amadeo Bassi a repetir el aria, un hecho pocas veces visto en los noventa años de vida del Primer Coliseo.
"Aurora" se convirtió en la más popular de las óperas argentinas. Sin embargo el hecho de que estuviera en italiano, inhibía la posibilidad de que "La canción a la Bandera" fuera conocida por un público masivo. Así fue que en 1945 Josué Quesada se encargó de transcribir al castellano lo que su padre había hecho en la lengua de Dante. Junto con Angel Petitta, tradujeron el libreto y dejaron inmortalizados los versos que todos conocemos.
Esta versión remozada de la ópera, se estrenó en la función oficial del 9 de Julio de 1945, con la presencia de todas las autoridades nacionales, encabezadas por el presidente general Edelmiro J. Farrell y el coronel Juan Domingo Perón. Tal y como sucedió en el estreno de la versión italiana, el público ovacionó el aria dedicada al pabellón nacional.
Fue en ese mismo año, que por decreto del poder ejecutivo, se la incluyó dentro del conjunto de canciones patrias. Y a partir de ese momento "La canción a la Bandera", o simplemente "Aurora", es entonada en actos escolares, al izar y arriar la enseña patria, y se convirtió en el símbolo de uno de nuestros distintivos nacionales.

Informe: Prof. Mercedes I. Sverlluga


20 de junio

20 de junio de 1820

El 20 de junio de 1820 moría en Buenos Aires Manuel Belgrano en la pobreza extrema, asolado por la guerra civil. Además de ser el creador de la bandera, Belgrano fue uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social, entre otras muchas cosas. Las ideas innovadoras de Belgrano quedarán reflejadas en sus informes anuales del Consulado. Hemos elegido para recordarlo en esta fecha una de sus preocupaciones centrales en materia económica: el fomento de la agricultura y de la industria.

Belgrano desconfiaba de la riqueza fácil que prometía la ganadería porque daba trabajo a muy poca gente, no desarrollaba la inventiva, desalentaba el crecimiento de la población y concentraba la riqueza en pocas manos. Su obsesión era el fomento de la agricultura y la industria.
El secretario del Consulado proponía proteger mediante la subvención las artesanías e industrias locales. Consideraba que “la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación”.
En "Memoria al Consulado 1802", presentó todo un alegato industrialista: "Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño es conseguir, no sólo darles nueva forma, sino aun atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo. Y después venderlas".
Y más tarde insistiría: "Ni la agricultura ni el comercio serían casi en ningún caso suficientes para conseguir la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria".

Las ideas innovadoras de Belgrano encontraron la firme oposición de los miembros del Consulado, quienes eran a su juicio “todos comerciantes españoles, exceptuando uno que otro, que nada sabían más que su comercio monopolista, a saber: comprar por cuatro para vender con toda seguridad a ocho”.
En un artículo aparecido en el Correo de Comercio, Belgrano destacaba la imperiosa necesidad de formar un sólido mercado interno, necesario para una distribución equitativa de la riqueza: "El amor a la patria y nuestras obligaciones exigen de nosotros que dirijamos nuestros cuidados y erogaciones a los objetos importantes de la agricultura e industria por medio del comercio interno para enriquecerse, enriqueciendo a la patria porque mal puede ésta salir del estado de miseria si no se da valor a los objetos de cambio".
"Sólo el comercio interno es capaz de proporcionar ese valor a los predichos objetos, aumentando los capitales y con ellos el fondo de la Nación, porque buscando y facilitando los medios de darles consumo, los mantiene en un precio ventajoso, tanto para el creador como para el consumidor, de lo que resulta el aumento de los trabajos útiles, en seguida la abundancia, la comodidad y la población como una consecuencia forzosa".

Belgrano se había formado en el Colegio de San Carlos y luego en las Universidades de Salamanca y Valladolid, en España. En 1794, asumió como primer secretario del recientemente creado Consulado, desde donde se propuso fomentar la educación. Creó Escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica. Se incorporó a las milicias criollas para defender la ciudad durante las invasiones inglesas y fue uno de los más fervorosos defensores de la causa patriota durante la Revolución de Mayo. Fue vocal de la Primera Junta de Gobierno, encabezó la expedición al Paraguay, durante la cual creó la bandera, el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán, Salta y Las Piedras. Luego vendrían las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y su retiro del ejército del Norte. En 1816 participó activamente en el Congreso de Tucumán.
Sus incansables preocupaciones abarcaron desde la enseñanza estatal gratuita y obligatoria, hasta la reforma agraria. Infatigable ante los obstáculos encontrados a su paso diría: "Mi ánimo se abatió, y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el bien común. Sin embargo, (…) me propuse echar las semillas que algún día fuesen capaces de dar frutos".

Autor: Felipe Pigna
“Los Mitos de la Historia Argentina”, Buenos Aires, Norma. 2004.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar