sábado, 26 de febrero de 2011

Erna en el Cosmos - de Clyde Piola Mendoza

Erna en el Cosmos

Erna se apuró en terminar de ordenar sus ideas con la intención de dormir plácidamente y con alegría en su corazón. Esa tarde le aprobaron su petición y reposaría aliviada.
Vivía en una de las miles de plataformas satelitales que coexistían en el Cosmos. Su hogar estaba ubicado en la plataforma 24579 que en esos momentos gravitaba alrededor del planeta Mercurio. Ya había conocido los alrededores de Venus y Urano, con paisajes algo similares, porque las distancias de observación eran bastante grandes, aunque sus magnitudes de luz eran bien diferentes.
Las comodidades que formaban parte de su cotidianeidad excedían su imaginación de años atrás. Recordaba que en los tiempos pasados la Vida en sociedad requería de tres elementos básicos: la salud, la alimentación, y la educación. Eran tres bases muy predicadas, pero sólo provocaron resquemores, y por vericuetos propios de los factores de poder, se consiguieron enriquecer bolsillos propios, en lugar de acercar lo necesario a la gente.
La Tierra vivía en constantes conflictos; algunos eran verdaderas guerras disfrazadas de justas reivindicaciones, pero que ocultaban la imperiosa necesidad del poder.
Era muy difícil discernir sobre lo justo o injusto, sobre lo bello o lo feo. Estaba todo al revés y cada vez se complicaba más. Parte de ello provocó la guerra nuclear que terminó con la vida en la Tierra, aunque no la vida de muchos terráqueos que se fueron preparando con la tecnología y comenzaron a hacer muchas plataformas para los que sobrevivieron.
Erna fue una de ellos, pues vivía en una importante ciudad de Estados Unidos de América. Había nacido en Europa, en Alemania, y estudió Ciencias Biológicas , lo que le abrió en el año 2005 las puertas de las Universidades más avanzadas en Nanotecnología, lo que aún en estos momentos de mi historia, son la base para la vida en el planeta.
Décadas antes de este año 2120 que estamos transcurriendo, fue posible encontrar la fórmula de la juventud eterna. La salud, la alimentación y la educación ya estaban incorporadas a las personas. Los pecados capitales ya no existían, pues el desarrollo de otras zonas cerebrales provocó más inteligencia.
El aumento de robots que hacían todo lo necesario para el bienestar y la comodidad no daba mucho espacio para la creatividad en la vida diaria, lo que provocaba algo de tedio. Todo estaba al alcance de la mano, nada prefiguraba un esfuerzo para lograrlo.
En lo referido a las relaciones humanas, era todo muy “Light”. Se habían terminado las pasiones, y el amor no tenía espacio. Solo los jóvenes disfrutaban de la existencia con otras pautas. No conocían las connotaciones del vocablo amor.
Pero Erna sí lo había conocido en su juventud, y luego a lo largo de su vida. Disfrutó del amor de sus padres, el amor fraternal de amigos, de hermanos, de aquellos que amó con el afecto profundo de la entrega.
Habían pasado más de 100 años y rodeada de gente y artefactos, con todas las premisas de la vida moderna, sentía un verdadero vacío existencial.
Había un único Poder Central que armonizaba la vida de los humanos, pero a esa esencia única que diferenciaba unos de otros no podían penetrar.
A los más jóvenes les resultaba práctico entregarse a las reglas, lo que les facilitaba lo que les parecía una buena vida. Posición muy inteligente para la época.
Algunos de muchos más años se supieron acomodar a esas circunstancias. Todo resultaba justificable, ya que si nos remontamos al año 2010 encontraríamos una gran masa de población terráquea que en ocasión de decidir, preferían lo material, antes que los logros espirituales que ofrece el amor a la Humanidad.
Erna había nacido en 1960 y vivenció situaciones diferentes en su existencia, pero siempre antepuso sus ideales a los objetivos materiales.
Esa noche del año 2120 Erna estaba feliz, pues, el Poder Central le había autorizado a abandonar la vida y navegar ` por el Cosmos convertida en ese gramo de esencia celestial que busca a Dios.

Clyde Mabel Piola Mendoza

Avances oftalmológicos

Retina artificial

Durante dos décadas, Eric Selby padeció una ceguera total y dependió de un perro guía para desplazarse, pero luego de que le insertaron una retina artificial en el ojo derecho, puede detectar objetos ordinarios como una curva y el pavimento cuando se aventura fuera de su casa.
"Básicamente se trata de destellos de luz que tienen que ser interpretados por el cerebro, pero es increíble que ya pueda ver algo", reconoció Selby, un ingeniero retirado de Coventry, en el centro de Inglaterra.
Hace más de un año, a sus 68 años, le fue insertado un implante artificial llamado Argus II, fabricado por la empresa estadounidense Second Sight, mediante un procedimiento quirúrgico.
Los reguladores holandeses seguramente decidirán en unas pocas semanas el pedido de la empresa para vender el producto en la Unión Europea. De recibir la autorización, será la primera retina artificial puesta a la venta.
La retina funciona con una cámara diminuta de video y un transmisor insertados en unos espejuelos y un pequeño computador inalámbrico. El computador procesa escenas captadas por la cámara y las transforma en información visual en forma de impulsos eléctricos enviados al implante.
El aparato estimula las células sanas que quedan en la retina, que las envían al nervio óptico.
La información visual es enviada entonces al cerebro, donde es interpretada como impulsos de luz que pueden adoptar la forma de un objeto. Los pacientes deben aprender a interpretar los destellos de luz. Por ejemplo, pueden analizar tres puntos de luz como los tres vértices de un triángulo.
El implante sólo es aplicable a personas con un tipo específico de dolencia en la retina, que sigue teniendo algunas células buenas. Tuvieron que haber podido ver antes y su nervio óptico debe funcionar normalmente.
Una de cada 3.000 personas padecen ceguera debido a esta dolencia hereditaria, llamada retinitis pigmentosa y potencialmente se podrían beneficiar de la retina artificial.
Empero, el aparato tiene un precio elevado: unos 100.000 dólares. En Gran Bretaña, el Servicio Nacional De Salud costea en ocasiones la nueva tecnología a un número reducido de pacientes, dijo Lyndon da Cruz, uno de los médicos que probó la retina artificial en el Hospital Ocular Moorfields, de Londres.